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Archive for the ‘La vida misma’ Category

Mudanza

A partir de ahora este cuadernito virtua continuará contando historias, anécdotas y pensamientos en un nuevo hogar en Blogspot.

Desde hace mucho tengo ganas de mudarme para allá,  no es por tirar abajo a WordPress porque la verdad yo estaba muy cómoda en este blogcito simpático, pero así son las cosas.

Hoy abandono a Papá WordPress que se portó muy bien desde el nacimiento de este cuaderno, cambiandole los pañales cuando los 2 o 3 lectores que lo leían pasaban a dejar saluditos y besitos por la tarde, ahora que estamos casi en los 50 post del cuaderno (que viene siendo como la fiesta de 15) me voy a vivir sola en el departamento de Blogspot donde parece que arman jodas con vodka y licor de chocolate.

 

Espero que ahora no tengan excusas, me mudé para su barrio Ana, Madre Histérica, Fantasma de Belgrano, Je!, Horacio, Violeta, Nacho, Fran Morten, Marta, y los demás (a ustedes que pasan seguido son como la High Society ¿vieron?)

Entonces vayan pasando por allá que la cosa va marchando. Circulen, circulen.

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Siempre me sorprendió el parecido que tienen los chinos entre sí, como si fuesen todos una gran familia que tomó un país como casa y se quedó ahí a seguir reprocreando.

Llegué a tener la leve sospecha de que en realidad los chinos no son humanos, sino que son fruto de una maquina grande donde jalás una palanca y sale un chino, la volvés a jalar y sale otro chino. Y además el hombrecito que jala la palanca no se toma nunca franco, ni descansos, ni vacaciones ni nada, porque siempre, sea donde sea, hay chinos sueltos por todos lados.

A todo esto hoy recordaba aquella vez que, con tan sólo 4 años, mi padre me explicó algo que hasta el día de hoy no recordaba, un dato muy importante sobre los chinos:

Papá:

…Para nombrar a un chino bebé, un chino adulto se sube a una escalera y estando ahí arriba saca una moneda de su bolsillo, la tira al suelo y escucha atentamente el ruido que esta hace. Según el ruido que la moneda haga, así será el nombre del chinito…

Aquella vez yo me quedé sorprendida ante semejante descubrimiento. Lo primero que pensé fue “¡Con razón Tin Tin se llamaba Tin Tin!” Los chinos eran más inteligentes que nosotros, y no andaban poniéndoles nombres pedorros a los hijos, como Yésica, Jonathan, María o Pedro (cualquier lector con dichos nombres no se sienta ofendido, sientase miserable por tener ese nombre) Ellos la hacían más simple, tirando una moneda se ahorraban todo el asunto. La cosa la decidía la suerte, encima después  se ahorraban el reclamo de los hijos ante un nombre horrendo y con tendencia a cargadas.

Hoy, ya 15 años desde aquella explicación no se me había ocurrido que esa historia sobre los chinos era mentira y que mi padre me estaba tomando el pelo, aprovechándose de mi inocencia. Nunca me había puesto a meditar sobre ese asunto, porque ese día le encontré mucho sentido y además la cara de mi padre era muy seria, como si me hubiese compartido un poco de su sabiduría. No recuerdo que se ríera, ni que se sonriera siquiera. La verdad es que ese día me engañó de tal manera que tardé 15 años en descubrir semejante burla.

Hoy me quito el sombrero ante tan buen mentiroso, porque a pesar de ser un tipo gruñón, insufrible, pesado, renegón, mal llevado y peleador, mi viejo me contó la verdadera historia de los chinos y nunca, en todos estos años, me dijo que eso era un chiste nada más. y lo hizo tan bien que jamás dudé de ella. Y creo que esa era la idea, que yo lo descubriera por mi propia cuenta y me entendiera que a pesar de ser gruñón, insufrible, pesado, renegón, mal llevado y peleador, también es un buen padre.


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Para mi es MUY difícil sacar a la luz este cruel secreto que he de guardar sólo hasta hoy, y sólo porque ya es momento de ponerme seria sobre el asunto y asumirlo de una vez y para siempre:

Queridos lectores de este humilde cuaderno virtual, ustedes están ante la presencia de una kompounofóbica.

Muchos se preguntarán qué es esto de la kompounofobia. Y con cierta vergüenza y sonrojadas mejillas les cuento que se trata de la fobia a los botones. Una fobia que me vino de fábrica, o tal vez desde mis primeros años de infancia.

Y quiero dejar en claro que cuando digo “fobia” digo fobia y no “miedo”, fobia es aquello que interrumpe la vida cotidiana. Yo no salgo corriendo ante la presencia de un botón, ni pienso que este me pueda matar. simplemente siento asco y repugnancia, rechazo y ganas de vomitar. Me da asco, no miedo.

Recuerdo todavía a mi madre renegar ante mi repugnancia a los endemoniados circulitos de plástico con agujeros, la recuerdo vívidamente gritando y maldiciendo, junto con el potente grito de guerra que proclamaba “¡MAÑOSA! ¡SOS UNA PENDEJA MAÑOSA! Yo era muy chica, tal vez ni hablaba, pero ya sentía ese rechazo que a mi madre le daba calambres.

Mi bisabuela insistia en que yo era una mañosa y que todo se curaba con un par de vayvenes de cachetazos, tal como lo cita la vieja usanza. Así que para acelerar el proceso un día apareció con un regalito: un vestido blanco lleno de los siniestros.

“No” dije muy bajito, pero mamá lo escuchó. Mi abuela observaba mi reacción y esperaba el primer movimiento de mi madre. “No” dije de nuevo, con más pena.

“Si” decía mamá. “Si. Se terminaron las mañas. Es un vestido precioso y vos te lo vas a poner”. yo escuchaba a mamá mientras la vista se me empezaba a aguar, y el estómago se me iba revolviendo muy rápido. Sentía que los fideos con tuco estaban empezando a subir, sentía el asco característico que aún siento con sólo recordarlo. “No -y negaba con la cabeza- Por favor mamá, no…”

“Como siempre la mocosa te termina ganando…”

Decía la ponzoñosa. Yo la miraba con odio, mientras hipaba y eructaba, apretaba los ojos y los dientes, la tragedia ya se asomaba.

¡No!(burp) ¡Yo no me pongo nada, (burp) y vos callate vieja estúpida! (diaj, burp)

Y zácate, voló el primer cachetazo. A los tirones me comenzaron a vestir. Patadas y manotazos de por medio, eructos y llanto también. Sólo verlos me daba asco, tocarlos aún más. Rozando el límite grité el último “NO” de la noche, y luego no pude seguir evitando lo inevitable.Fideos con tuco por acá y por allá, en el brazo de mamá, en los zapatos de la bisabuela, y sobre todo -y para mi felicidad- en el vestido nuevo.

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A los que la verdad no les interese esto, les pido mil disculpas.

Hoy estoy realmente feliz ya que Lacrimosa viene a la Argentina.

¿Qué es Lacrimosa? Pues mi banda favorita. Un grupo de alemanes que hacen música maravillosa. Y vuelvo a decirlo: mi banda favorita. Aunque decirlo asi de seco “mi banda favorita” es quedarme cortísima.

No voy a hacer esto muy largo, porque no quiero aburrir a nadie: Lacrimosa viene el 12 de julio de este año, y mi madre me regalará la entrada en estos días. Soy feliz. No tengo otras palabras, estoy saltando en una pata.

Y como ya dije, no quiero aburrir a nadie, asi que solo voy a dejar un video con un tema del nuevo cd de Lacrimosa:Sehnsucht. El cual es mi favorito de este cd.

Aclaro que los subtitulos que tiene son re cavernicolas, pero no quiero que se quejen de estar escuchando algo y no saber qué dice. Y lo digo por vos, Fantasma.

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Mi Vals Favorito

Detrás mío suena un vals, el Vals D’Amelié.

Uno de mis favoritos. Cuando se termine lo volveré a poner de nuevo, una y otra vez. Porque este vals, como muchos otros, me recuerda a vos.

Los vals son tristes, o me ponen tristes, sacan desde mi interior esos sentimientos que me ablandan y me quiebran. Y mediante van pasando, se vuelven fuertes, se llenan de pasión, y luego al final arrastran las ùltimas notas despacio y lentamente, las susurran, como tantas veces me has susurrado al oìdo despacio, muy despacio.

Si. Los vals son tristes, pero son tan hermosos.

Tengo muchas conclusiones. Una de ellas es que vos sos un vals. Vos, sos un vals. Tambièn sos un sueño largo, un sueño que es real en algún lugar, pero que acá, ahora mismo, es un sueño inalcanzable.

Yo no puedo abrazar a un sueño, ni mirarlo a los ojos, ni decirle que lo quiero mucho, ni que me encantaría ahora pedirle que se quede un rato más conmigo, que tome mi mano y que sienta esto, esto que yo tengo acá mismo. Esto que no sé que es, pero es algo tibio.

Si, es indrescriptible, vos sos indescriptible para mi. Sos maravilloso. Por eso no podemos estar juntos. Porque yo no soy la indicada. ¿yo? ¿justo yo? No… No podría. Pero ¿sabés qué? Yo me muero por vos.

Perdoname por no cumplir, por ser tan idiota, por arruinarlo todo. Sincermente no sé por qué escribo esto, pero lo escribo con el corazón.

Porque el tiempo pasa, pero yo todavía siento que tengo 15 años y que vos estás acá, como nunca, y puedo demostrárte esto, esto que no sé que es. Pero que vos llamás amor. y si vos lo llamás amor, yo te creo. Porque nadie podría tener más razón que vos en esto. Después de todo, yo lo siento por vos.

El vals se terminó. Lo pondré de nuevo. Y sé que me recorrerá por mi espalda un…

Un…

Qué extraño. No sé que es lo que recorre mi espalda cuando escucho este vals. Pero cuando escucho tu voz susurrandome me pasa lo mismo. y es hermoso.

Te dejo el vals entonces, se los dejo a todos, y tal vez entonces podamos compartir esa hermosa sensación. Esa sensación que Él llama Amor y que yo siento por Él.

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Por la ventanilla del 502 se veía caer la noche. Barrio 1 estaba ya fuera de mi vista y delante del colectivo se iban prendiendo las luces de la calle. Yo me imaginaba que en casa me esperaba un sermón. Cuando pasamos por debajo del Puente de la Trocha me fui levantando de mi asiento. Era Domingo, y en la ruta había mucho movimiento de coches. Ivan y venían, todos apurados y a los piques. El frío se sentía tan fuerte en mi cara que parecía cortarme la piel. No había gente, sólo autos, muchos autos.

Bajé del colectivo y me dirigí hacia las vías, el ruido de las piedras bajo mis botas me hacía gracia. Yo venía en mi mundo como siempre, fue una casualidad haberla visto.

Ella tenía ropa suelta, daba frío verla así, tan desabrigada. Estaba algo despeinada. Su pelo blanco y enrrulado al verlo contra la luz me recordó un sol, como los soles que dibujaba en la primaria. Ella se limpiaba las lágrimas con la manga, como hacen los nenes chiquitos. Se tambaleaba un poco, como si estuviera muy cansada. No hacía ruido, por eso todavía me sorprende haberla visto ahí parada en las vías, esperando el último tren de la noche.

¿Se siente bien, señora? – Le pregunté con miedo. Pero ella no decía nada, seguía llorando y limpiándose las lágrimas. Al acercarme sentí un leve llanto, un llanto casi apagado, casi mudo.

¿Me escucha? -Insistí. Mientras me imaginaba que en casa seguro estaban empezando a despotricar por mi tardanza. Pero ella no decía nada, ni siquiera me miraba. Miraba las vías donde estaba parada. Se tambaleaba más.

Le pido disculpas por meterme en su vida, señora. Pero no puedo irme tranquila a mi casa y dejarla acá. No tengo idea de qué problemas tiene, ni tampoco si quiere compartirlos conmigo. Pero quiero escucharla. Déjeme darle una mano.

Ella movió la cabeza de un lado a otro. A lo lejos vi una parejita de adolescentes yendo de la mano a lo oscurito. Más lejos aún una señora con una nena y una bolsa de mercado. En el cielo estaba la luna envuelta en agua. Todo parecía estar envuelto en agua, todo era azul y frío.

Por primera vez en la noche nuestros ojos se cruzaron. Sus ojos eran como de fuego, o más bien como un fuego que se apaga, como las cenizas. Mirarla así me recordó a mamá.

Por favor déjeme darle una mano.– volví a insistir. –Todo tiene solución.

Ya no me queda nada en la vida, nena. No me queda nadie. Mi marido falleció hace más de 3 años y nunca tuve hijos. Quiero estar con él, quiero tener paz… – y rompió en llanto.

Entonces me acerqué con miedo, porque no sabía como iba a reaccionar. Nunca sé como reaccionan los demás, pero yo no podía verla llorar ahí, en ese lugar de muerte y abandono. La noche parecía haberse detenido, todo era azul todavía, todo era niebla. Ella se tambaleaba, seguía llorando, seguía secándose las lágrimas. ¿cuántas lágrimas puede guardar una pobre mujer?

Tomé una de sus manos despacio, tampoco sabía qué iba a pensar sobre eso. Tomé su mano con mis dos manos, la sostuve con firmeza. Sentí un témpano de hielo y me recorrió un escalofrío por la espalda. A lo lejos escuchaba una bocina y un traqueteo crujiente. Respiré profundo y la sostuve aún más fuerte. El ruido se acercaba, vibraba en mis pies, debajo de mis botas. El viento me golpeaba aún la cara, me dolía. La miré a los ojos con pena, con cariño, a pesar de no saber siquiera su nombre, y mientras la miraba a los ojos dimos nueve pasos fuera de las vías del tren.

Al llegar al quinto paso sentí pasar detrás mío el fantasma del último tren de la noche. Le tomé la otra mano, y seguimos caminando.

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Para comprender lo que van a leer a continuación tienen que entender un par de cosas primero:

1 – Daiana es mi mejor amiga, mi vecina y tiene una hermana gemela.
2 – Ella quería llevarme el Sábado a un boliche cumbiancha y yo no quise ir.
3 – Me anoté en Confirmación con ella.

El Domingo pasado en la Misa, mientras el coro de la iglesia cantaba una canción sobre la pascua yo estaba escuchando lo siguiente:

Suenen campanas – CAROLINE TE LO RE PERDISTE – Suenen tambores – HABÍA FIESTA DE ESPUMA – Suenen guitarras – LUJÁN ME DIO UNAS TARJETAS – Y osana al Señor – CON DESCUENTOS – porque Cristo – DOS VODKA CINCO PESOS!!! – resucitó.”

Yo miraba seria al frente, al altar, mientras me daba cuenta de que a nuestro alrededor la gente nos estaba mirando con cara de culo. Habia un radio de dos metros de personas que se daban vuelta para clavarnos una mirada muy filosa.

Y yo seguía mirando al frente y escuchando:

Canta el ave – YAMILA Y DALMA – brinca el ganado – CASI SE CAGAN A PIÑAS – porque Cristo – Y LOS PIBES – resucitó – SE PAGARON LOS TRAGOS – Porque Cristo resucitó…

– Bajá un cambio, Doble* que nos están por crucificar a las dos acá nomás.

-AH! ¿QUÉ? ¿ESTOY HABLANDO FUERTE?

*La Doble se ve que además de venir repetida, vino con micrófono incorporado.

Aclaración particular para todos los lectores: Por razones personales que no hay necesidad de aclarar hoy, estoy usando una pc con 32 mb de ram (una cagada) así que sepan disculpar si el texto no se ve muy bien.

Estuve luchando desde hace más de dos horas para poder escribirlo.

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