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Archive for the ‘Peleas y Discusiones’ Category

No sé exactamente en que momento llega la edad del pavo. A veces dicen que a los 12 años, otras veces dicen que a los 14 o 15. Aún así no importa demasiado cuándo empieza si de todas maneras algunos con 20 años siguen viviendola plenamente.

Como hay gente para todo y yo no soy quien para juzgar (después de todo yo sigo comprando huevitos Kinder y sigo pidiéndole a mamá el besito de las buenas noches) podría utilizar esa vieja frase que tintinea siempre en el círculo conformista de conocidos, esa frase tan barata e hipócrita: “Déjalos vivir y vos viví tu vida”. Y de sólo pensar en esa frase se me invade el alma de asco. Porque seamos sinceros: ustedes aman que yo critique despiadadamente, sobre todo porque no lastimo a nadie.

La cuestión es la siguiente: Hacía mucho que no salía a ningún boliche del ambiente… llamemoslo Dark como para decir algo… La última vez que había salido a uno tenía 16 años y ya desde aquel entonces pasaba lo mismo. Siempre había algún infradotado con complejo de vampiro que se acercaba a decirme alguna gansada atróz que me hacía notar que, a pesar de sus largos veinte años, era un boludo a pila.

Tarado con Sobretodo:

“A mi me gusta el dolor, lo disfruto orgasmicamente””

Pupolina:

Ah… ¡pero mirá vos! con que te guste el dolor… Te quiero ver una noche con dolor de muelas vamos a ver como te agarra un orgasmo, o de última aprendés a zapatear malambo.

Otro Tarado con Sobretodo:

“¿Nunca has probado la sangre de tu amado/a al amanecer? el Vitae romántico fluyendo…

Pupolina:

“La verdad que no. No me interesa andar probando los fluídos de nadie.

Otro Tarado más con Sobretodo y cruz invertida:

“…Mi mente es el peor de los infiernos en la Tierra, pues emana oscuridad y…”

Pupolina:

“…Si…Sabés, me están llamando por allá. Ya vengo, no me tardo nada…

Y el más gracioso de todos, el que siempre recuerdo cuando piso algún boliche de este tipo, es aquel que me dijeron en Requiem, especial Rammstein, aproximadamente a las 4 a.m (era tan gracioso que hasta recuerdo que estaban pasando “Sonne” de fondo)

Ultra infradotado con sobretodo:

“Hola, soy Alexander y tengo tres mil quinientos años”

Lamentable…

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Para mi es MUY difícil sacar a la luz este cruel secreto que he de guardar sólo hasta hoy, y sólo porque ya es momento de ponerme seria sobre el asunto y asumirlo de una vez y para siempre:

Queridos lectores de este humilde cuaderno virtual, ustedes están ante la presencia de una kompounofóbica.

Muchos se preguntarán qué es esto de la kompounofobia. Y con cierta vergüenza y sonrojadas mejillas les cuento que se trata de la fobia a los botones. Una fobia que me vino de fábrica, o tal vez desde mis primeros años de infancia.

Y quiero dejar en claro que cuando digo “fobia” digo fobia y no “miedo”, fobia es aquello que interrumpe la vida cotidiana. Yo no salgo corriendo ante la presencia de un botón, ni pienso que este me pueda matar. simplemente siento asco y repugnancia, rechazo y ganas de vomitar. Me da asco, no miedo.

Recuerdo todavía a mi madre renegar ante mi repugnancia a los endemoniados circulitos de plástico con agujeros, la recuerdo vívidamente gritando y maldiciendo, junto con el potente grito de guerra que proclamaba “¡MAÑOSA! ¡SOS UNA PENDEJA MAÑOSA! Yo era muy chica, tal vez ni hablaba, pero ya sentía ese rechazo que a mi madre le daba calambres.

Mi bisabuela insistia en que yo era una mañosa y que todo se curaba con un par de vayvenes de cachetazos, tal como lo cita la vieja usanza. Así que para acelerar el proceso un día apareció con un regalito: un vestido blanco lleno de los siniestros.

“No” dije muy bajito, pero mamá lo escuchó. Mi abuela observaba mi reacción y esperaba el primer movimiento de mi madre. “No” dije de nuevo, con más pena.

“Si” decía mamá. “Si. Se terminaron las mañas. Es un vestido precioso y vos te lo vas a poner”. yo escuchaba a mamá mientras la vista se me empezaba a aguar, y el estómago se me iba revolviendo muy rápido. Sentía que los fideos con tuco estaban empezando a subir, sentía el asco característico que aún siento con sólo recordarlo. “No -y negaba con la cabeza- Por favor mamá, no…”

“Como siempre la mocosa te termina ganando…”

Decía la ponzoñosa. Yo la miraba con odio, mientras hipaba y eructaba, apretaba los ojos y los dientes, la tragedia ya se asomaba.

¡No!(burp) ¡Yo no me pongo nada, (burp) y vos callate vieja estúpida! (diaj, burp)

Y zácate, voló el primer cachetazo. A los tirones me comenzaron a vestir. Patadas y manotazos de por medio, eructos y llanto también. Sólo verlos me daba asco, tocarlos aún más. Rozando el límite grité el último “NO” de la noche, y luego no pude seguir evitando lo inevitable.Fideos con tuco por acá y por allá, en el brazo de mamá, en los zapatos de la bisabuela, y sobre todo -y para mi felicidad- en el vestido nuevo.

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A partir de hoy quedan inauguradas dos nuevas secciones en este cuadernillo virtual

Dichas secciones han sido bautizadas por vuestra joven y bella servidora Reflexiones La cual constará de todo tipo de delirios que aquí me place escribir. La mayoría serán deliberados a la hora de dormir, la cual ahora que no dispongo de novio y/o pareja, será completamente depositada a esta causa (no comentarios por favor)

y Peleas y Discusiones donde desplegaré todo tipo de riñas con gente, animales, zurdos-comunistas, servicios públicos y objetos.

Para tener una idea de lo que estoy hablando los invito a revisar El Accidente donde, meses atrás, se generó la primer reflexión.

Pero como sè que ustedes, mis queridos lectores, son gente hambrienta de novedades tintineantes y brillantes. Estoy dispuesta a poner las manos en el fuego asegurando que no van a revisar nada.

¿Qué cosa? ¿Que una mocosa que tiene un apodo tan ridiculo como “Pupolina” me esté diciendo a MI lo que yo tengo que hacer? ¡Es inaudito!

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