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Un día me encontraba sentada en la vereda, debajo del árbol, con la Doble y Marcelo. En lo que, por la vereda de en frente y con su bastoncito blanco iba caminando Don Héctor. Y se generó este debate:

Marcelo:
Ese tipo no es ciego. Mirá como va…

La Doble:
Si que es ciego. Además yo siempre lo acompaño a la casa, lo llevo del brazo para que no se vaya a tropezar. Pobre…siempre anda solo.

Marcelo:
¡No nena!, ese tipo no es ciego ¿tan pelotu** vas a ser? ¿no te das cuenta? El tipo se hace el ciego para mirarles el culo a las minas, y en tu caso para manosearte un poco las tetas con el codo.

La Doble:
¡Que sí tarado! Es ciego.

Marcelo:
¡No nena! ¡No es ciego!Mirá como esquiva el aut…

¡Pum!

Para que nadie empiece a llorar a moco tendido por Don Héctor les voy a contar: Había un auto estacionado en la vereda de en frente. Nada más.

¿Era o se hacía?

Hace unos años, supongamos 4 años atrás, cuando iba a comprar al almacén de la esquina, todos los días como reloj a las 5.30 p.m estaba sentado en una silla Don Héctor. Un señor que vivía a la vuelta de casa y que era No Vidente, o en términos más simples: Ciego.

Siempre sabía lo que yo iba a comprar y siempre se ponía a hablar conmigo. Pero había charlas que me dejaban pensando mucho:

Pupolina:
¿Cómo le va, Don Héctor?

Don Héctor:
Bien bien, hace mucho tiempo que no te veía

A veces sino me decía cosas como:

Héctor:
Estaba en casa viendo la tele y me vine corriendo para acá.

Yo no sé si me lo hacía a propósito, si no se daba cuenta o si se hacía el ciego para pasarla bien (cuenta la leyenda que le gustaba poner la mirada perdida en las señoritas del barrio, sobre todo en la parte trasera).

Como un día se murió nunca le pude preguntar.

Mi Vals Favorito

Detrás mío suena un vals, el Vals D’Amelié.

Uno de mis favoritos. Cuando se termine lo volveré a poner de nuevo, una y otra vez. Porque este vals, como muchos otros, me recuerda a vos.

Los vals son tristes, o me ponen tristes, sacan desde mi interior esos sentimientos que me ablandan y me quiebran. Y mediante van pasando, se vuelven fuertes, se llenan de pasión, y luego al final arrastran las ùltimas notas despacio y lentamente, las susurran, como tantas veces me has susurrado al oìdo despacio, muy despacio.

Si. Los vals son tristes, pero son tan hermosos.

Tengo muchas conclusiones. Una de ellas es que vos sos un vals. Vos, sos un vals. Tambièn sos un sueño largo, un sueño que es real en algún lugar, pero que acá, ahora mismo, es un sueño inalcanzable.

Yo no puedo abrazar a un sueño, ni mirarlo a los ojos, ni decirle que lo quiero mucho, ni que me encantaría ahora pedirle que se quede un rato más conmigo, que tome mi mano y que sienta esto, esto que yo tengo acá mismo. Esto que no sé que es, pero es algo tibio.

Si, es indrescriptible, vos sos indescriptible para mi. Sos maravilloso. Por eso no podemos estar juntos. Porque yo no soy la indicada. ¿yo? ¿justo yo? No… No podría. Pero ¿sabés qué? Yo me muero por vos.

Perdoname por no cumplir, por ser tan idiota, por arruinarlo todo. Sincermente no sé por qué escribo esto, pero lo escribo con el corazón.

Porque el tiempo pasa, pero yo todavía siento que tengo 15 años y que vos estás acá, como nunca, y puedo demostrárte esto, esto que no sé que es. Pero que vos llamás amor. y si vos lo llamás amor, yo te creo. Porque nadie podría tener más razón que vos en esto. Después de todo, yo lo siento por vos.

El vals se terminó. Lo pondré de nuevo. Y sé que me recorrerá por mi espalda un…

Un…

Qué extraño. No sé que es lo que recorre mi espalda cuando escucho este vals. Pero cuando escucho tu voz susurrandome me pasa lo mismo. y es hermoso.

Te dejo el vals entonces, se los dejo a todos, y tal vez entonces podamos compartir esa hermosa sensación. Esa sensación que Él llama Amor y que yo siento por Él.

Por la ventanilla del 502 se veía caer la noche. Barrio 1 estaba ya fuera de mi vista y delante del colectivo se iban prendiendo las luces de la calle. Yo me imaginaba que en casa me esperaba un sermón. Cuando pasamos por debajo del Puente de la Trocha me fui levantando de mi asiento. Era Domingo, y en la ruta había mucho movimiento de coches. Ivan y venían, todos apurados y a los piques. El frío se sentía tan fuerte en mi cara que parecía cortarme la piel. No había gente, sólo autos, muchos autos.

Bajé del colectivo y me dirigí hacia las vías, el ruido de las piedras bajo mis botas me hacía gracia. Yo venía en mi mundo como siempre, fue una casualidad haberla visto.

Ella tenía ropa suelta, daba frío verla así, tan desabrigada. Estaba algo despeinada. Su pelo blanco y enrrulado al verlo contra la luz me recordó un sol, como los soles que dibujaba en la primaria. Ella se limpiaba las lágrimas con la manga, como hacen los nenes chiquitos. Se tambaleaba un poco, como si estuviera muy cansada. No hacía ruido, por eso todavía me sorprende haberla visto ahí parada en las vías, esperando el último tren de la noche.

¿Se siente bien, señora? – Le pregunté con miedo. Pero ella no decía nada, seguía llorando y limpiándose las lágrimas. Al acercarme sentí un leve llanto, un llanto casi apagado, casi mudo.

¿Me escucha? -Insistí. Mientras me imaginaba que en casa seguro estaban empezando a despotricar por mi tardanza. Pero ella no decía nada, ni siquiera me miraba. Miraba las vías donde estaba parada. Se tambaleaba más.

Le pido disculpas por meterme en su vida, señora. Pero no puedo irme tranquila a mi casa y dejarla acá. No tengo idea de qué problemas tiene, ni tampoco si quiere compartirlos conmigo. Pero quiero escucharla. Déjeme darle una mano.

Ella movió la cabeza de un lado a otro. A lo lejos vi una parejita de adolescentes yendo de la mano a lo oscurito. Más lejos aún una señora con una nena y una bolsa de mercado. En el cielo estaba la luna envuelta en agua. Todo parecía estar envuelto en agua, todo era azul y frío.

Por primera vez en la noche nuestros ojos se cruzaron. Sus ojos eran como de fuego, o más bien como un fuego que se apaga, como las cenizas. Mirarla así me recordó a mamá.

Por favor déjeme darle una mano.– volví a insistir. –Todo tiene solución.

Ya no me queda nada en la vida, nena. No me queda nadie. Mi marido falleció hace más de 3 años y nunca tuve hijos. Quiero estar con él, quiero tener paz… – y rompió en llanto.

Entonces me acerqué con miedo, porque no sabía como iba a reaccionar. Nunca sé como reaccionan los demás, pero yo no podía verla llorar ahí, en ese lugar de muerte y abandono. La noche parecía haberse detenido, todo era azul todavía, todo era niebla. Ella se tambaleaba, seguía llorando, seguía secándose las lágrimas. ¿cuántas lágrimas puede guardar una pobre mujer?

Tomé una de sus manos despacio, tampoco sabía qué iba a pensar sobre eso. Tomé su mano con mis dos manos, la sostuve con firmeza. Sentí un témpano de hielo y me recorrió un escalofrío por la espalda. A lo lejos escuchaba una bocina y un traqueteo crujiente. Respiré profundo y la sostuve aún más fuerte. El ruido se acercaba, vibraba en mis pies, debajo de mis botas. El viento me golpeaba aún la cara, me dolía. La miré a los ojos con pena, con cariño, a pesar de no saber siquiera su nombre, y mientras la miraba a los ojos dimos nueve pasos fuera de las vías del tren.

Al llegar al quinto paso sentí pasar detrás mío el fantasma del último tren de la noche. Le tomé la otra mano, y seguimos caminando.

Máximas en la Misa

Para comprender lo que van a leer a continuación tienen que entender un par de cosas primero:

1 – Daiana es mi mejor amiga, mi vecina y tiene una hermana gemela.
2 – Ella quería llevarme el Sábado a un boliche cumbiancha y yo no quise ir.
3 – Me anoté en Confirmación con ella.

El Domingo pasado en la Misa, mientras el coro de la iglesia cantaba una canción sobre la pascua yo estaba escuchando lo siguiente:

Suenen campanas – CAROLINE TE LO RE PERDISTE – Suenen tambores – HABÍA FIESTA DE ESPUMA – Suenen guitarras – LUJÁN ME DIO UNAS TARJETAS – Y osana al Señor – CON DESCUENTOS – porque Cristo – DOS VODKA CINCO PESOS!!! – resucitó.”

Yo miraba seria al frente, al altar, mientras me daba cuenta de que a nuestro alrededor la gente nos estaba mirando con cara de culo. Habia un radio de dos metros de personas que se daban vuelta para clavarnos una mirada muy filosa.

Y yo seguía mirando al frente y escuchando:

Canta el ave – YAMILA Y DALMA – brinca el ganado – CASI SE CAGAN A PIÑAS – porque Cristo – Y LOS PIBES – resucitó – SE PAGARON LOS TRAGOS – Porque Cristo resucitó…

– Bajá un cambio, Doble* que nos están por crucificar a las dos acá nomás.

-AH! ¿QUÉ? ¿ESTOY HABLANDO FUERTE?

*La Doble se ve que además de venir repetida, vino con micrófono incorporado.

Aclaración particular para todos los lectores: Por razones personales que no hay necesidad de aclarar hoy, estoy usando una pc con 32 mb de ram (una cagada) así que sepan disculpar si el texto no se ve muy bien.

Estuve luchando desde hace más de dos horas para poder escribirlo.

Entonces

¿Nunca se han detenido a examinar alguna palabra? Yo suelo hacerlo muy a menudo sin ningún tipo de fin. No sé por qué lo hago.

Y siempre que lo hago empiezo a repetir la palabra hasta que pierde el sentido y empieza a sonar raro, como si se fuera deformando mediante más la examine y la repita, como por ejemplo con la palabra “entonces”

“Entonnnnces… Ennnnntonnnnces…” dije una tarde en el patio de atrás de casa. “Ennnntonnnnces” dándole énfasis a la N. Ennntonnnnnces…

Entonces suena raro.

Que increíble la cantidad de publicidades de este tipo que pasan en las propagandas, sobre todo en los canales de cable. Son como una paliza de super ofertas y promociones, pero en este caso sólo te ofrecen las cosas más pavas del mundo.

El Lunes sin ir más lejos, mientras miraba La Ley y el Orden en el Universal Channel, se me ocurrió contar la cantidad exacta de este tipo de propagandas por corte.

Mandá Cumbio al 2112, Mandá Taxi al 2020, Mandá cuarto, Mandá Infierno, Mandá Beso, Mandá Horoscopo, Mandá Culo, Mandá Teta, Mandá Socotroco… Todo lo que se nos pueda imaginar está disponible por 50 centavos más IVA.

Pasan cerca de 10 propagandas por corte de esta especie de Delivery Cel Freak. Y hay tanta variedad de estas propagandas que hasta me pregunto a mi misma: ¿Alguien enviará por casualidad “PASTOR” al 2112?

Lo peor es que uno está arrinconado de esas publicidades. Tanto es así que cuando llega la noche y con ella la hora de dormir, al momento de poner la cabeza en la almohada, al cerrar los ojos en el silencio se escucha un susurro que te persigue…

“Mandá Belén al 2020 y recibí mis fotitos más calientes para que te pongas bien sonriente”

Y si estas propagandas siguen existiendo tiene que ser por una sola razòn: Algùn pelotudo seguro que los manda ¿no?