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Posts Tagged ‘botones’

Para mi es MUY difícil sacar a la luz este cruel secreto que he de guardar sólo hasta hoy, y sólo porque ya es momento de ponerme seria sobre el asunto y asumirlo de una vez y para siempre:

Queridos lectores de este humilde cuaderno virtual, ustedes están ante la presencia de una kompounofóbica.

Muchos se preguntarán qué es esto de la kompounofobia. Y con cierta vergüenza y sonrojadas mejillas les cuento que se trata de la fobia a los botones. Una fobia que me vino de fábrica, o tal vez desde mis primeros años de infancia.

Y quiero dejar en claro que cuando digo “fobia” digo fobia y no “miedo”, fobia es aquello que interrumpe la vida cotidiana. Yo no salgo corriendo ante la presencia de un botón, ni pienso que este me pueda matar. simplemente siento asco y repugnancia, rechazo y ganas de vomitar. Me da asco, no miedo.

Recuerdo todavía a mi madre renegar ante mi repugnancia a los endemoniados circulitos de plástico con agujeros, la recuerdo vívidamente gritando y maldiciendo, junto con el potente grito de guerra que proclamaba “¡MAÑOSA! ¡SOS UNA PENDEJA MAÑOSA! Yo era muy chica, tal vez ni hablaba, pero ya sentía ese rechazo que a mi madre le daba calambres.

Mi bisabuela insistia en que yo era una mañosa y que todo se curaba con un par de vayvenes de cachetazos, tal como lo cita la vieja usanza. Así que para acelerar el proceso un día apareció con un regalito: un vestido blanco lleno de los siniestros.

“No” dije muy bajito, pero mamá lo escuchó. Mi abuela observaba mi reacción y esperaba el primer movimiento de mi madre. “No” dije de nuevo, con más pena.

“Si” decía mamá. “Si. Se terminaron las mañas. Es un vestido precioso y vos te lo vas a poner”. yo escuchaba a mamá mientras la vista se me empezaba a aguar, y el estómago se me iba revolviendo muy rápido. Sentía que los fideos con tuco estaban empezando a subir, sentía el asco característico que aún siento con sólo recordarlo. “No -y negaba con la cabeza- Por favor mamá, no…”

“Como siempre la mocosa te termina ganando…”

Decía la ponzoñosa. Yo la miraba con odio, mientras hipaba y eructaba, apretaba los ojos y los dientes, la tragedia ya se asomaba.

¡No!(burp) ¡Yo no me pongo nada, (burp) y vos callate vieja estúpida! (diaj, burp)

Y zácate, voló el primer cachetazo. A los tirones me comenzaron a vestir. Patadas y manotazos de por medio, eructos y llanto también. Sólo verlos me daba asco, tocarlos aún más. Rozando el límite grité el último “NO” de la noche, y luego no pude seguir evitando lo inevitable.Fideos con tuco por acá y por allá, en el brazo de mamá, en los zapatos de la bisabuela, y sobre todo -y para mi felicidad- en el vestido nuevo.

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